viernes, 26 de julio de 2013

Pautas para que el castigo de los niños sea efectivo.

 

¿Se debe castigar a los niños/as? Pautas para que el castigo sea educativo

Cuando intentamos educar a los pequeños, en ocasiones no sabemos cuál es la manera más eficaz de tratar con ellos. Es normal que nos surjan dudas sobre que es lo mejor para ellos, y en definitiva para que crezcan felices.
El castigo es un tema polémico, que ni gusta a niños ni a mayores. Queremos que aprendan, y sabemos por un lado que no debemos permitir determinados comportamientos, pero por otro lado tampoco queremos que sufran.
¿Debemos castigar a los pequeños? ¿Cómo debemos hacerlo?
 
Es importante que los niños/as aprendan que las acciones que realizan tienen determinadas consecuencias, y a veces estas consecuencias no son de su agrado. El castigo puede ser necesario pero empleado de manera racional con el objetivo de educar al pequeño. Nunca debe ser humillante o perjudicial para su autoestima o bienestar.
El castigo debe entenderse no como una forma de hacer sentir mal a los niños/as sino como una consecuencia a una acción determinada. Para aplicarlo es fundamental que los niños/as entiendan el porqué del mismo, y comprendan que ocurre cuando hacen determinadas acciones.
Debe entenderse como una especie de trato o acuerdo más que como un castigo, como cosas que debemos hacer para conseguir algo, o cosas que no debemos hacer para dejar de tener consecuencias negativas.
En todo caso no debe ser nunca dañino para los niños/as. Debe estar basado en el objetivo de educar, de fomentar un aprendizaje en los pequeños. Y siempre debemos tener muy en cuenta su bienestar.
 
Algunos ejemplos
  • Si un adolescente ha suspendido un examen porque en lugar de estudiar estuvo haciendo otras cosas, como ver la tele, dar una vuelta, etc. Debemos dejarle que suspenda, que comprenda que su conducta le ha llevado a ese resultado. En este caso el “castigo” podría ser, tener que cumplir determinadas horas de estudio, si estas no se cumplen no podrá ver la tele o salir con sus amigos. Antes de aplicarlo es bueno dialogar con él o ella sobre la situación, ¿Por qué crees que has suspendido? ¿qué crees que puedes hacer para que no vuelva a ocurrir esto? Siempre reflexionando y dialogando con ellos y nunca imponiendo.
  • Si un niño quiere de postre helado, primero tendrá que comerse las verduras o el plato que tenga en la mesa, si no se come esto no podrá tener helado. Si come lo que tiene que comer, podrá elegir el postre que quiera. En este caso también le explicaremos al pequeño que es importante alimentarse bien para crecer, que no sólo se pueden comer helados. Por eso si quiere comerlo primero debe tomar otros alimentos necesarios para su crecimiento.
  • Si el niño/a no recoge sus juguetes, no podremos salir a dar una vuelta al parque, porque antes de salir tenemos que dejar todo recogido. Explicaremos al pequeño que no podemos dejar las cosas sin recoger porque llegaremos tarde y cansados para cenar y bañarnos antes de dormir, que es necesario que recojamos los juguetes. Le explicaremos también que puede sacar todos los juguetes que quiera pero que debe recogerlos.
¿CÓMO DEBEN SER LOS CASTIGOS EFICACES?
PAUTAS PARA EDUCAR CON LOS CASTIGOS.
  1. Consecuentes y contingentes a la conducta. Esto quiere decir que deben ser lógicos en relación a la conducta, no deben ser ni demasiados excesivos ni demasiado flojos. Y producirse cuando se produzca la conducta, no podemos dejarlo para otro momento puesto que no lo relacionarán con la acción. Por ejemplo en el caso del adolescente que suspende, si cumple con sus horas de estudio le permitiremos salir, no es bueno excedernos y dejarle sin salir aun cuando haya cumplido esas horas. Si cumple su parte, tiene una consecuencia positiva para él. También tiene que ser en el momento, no podemos dejarle este fin de semana que salga, pero a partir del próximo cumplimos con el acuerdo.
  1. Consensuados con el pequeño. Es importante que los “castigos” cumplan una función educativa. Para ello es muy bueno dialogar con el niño/a hasta consensuar el tipo de castigo. De esta forma se sentirá responsable de sus actos y de las consecuencias y se implicará más con el castigo. Además colaboramos a la reflexión de los pequeños y a su comprensión.
  2. No deben ser dañinos o humillantes para ellos, en ningún caso. No debemos olvidar que nuestro objetivo es educarles, para que lleguen a ser adultos felices, personas críticas y autónomas, adaptados a la sociedad. Para ello el castigo puede ser necesario, pero si éste es humillante o dañino, pierde todo su valor educativo y conseguimos lo contrario.
  3. Es mejor que los castigos no estén basados en cosas materiales, son más efectivos si los basamos en actividades de su agrado o desagrado. Si el castigo consiste en comprarle o no comprarle algo al pequeño, le estamos enviando un mensaje confuso, que no anima a la reflexión sino a conseguir un bien determinado.
  4. Los castigos no deben ser amenazantes. Se le informará de lo que ocurre si hace o no hace determinada conducta, pero no se le amenazara con ello. Debe ser visto como una consecuencia lógica y no como una amenaza.
  5. Es muy importante que tengan alguna relación con la conducta concreta. Es decir si no come verdura el “castigo” será no comer helado, ya que guarda relación y podemos hacer que comprendan el porqué. En cambio si el “castigo” por no comer verdura es no ver la tele. La consecuencia no tiene nada que ver con la conducta y el pequeño no lo entiende. Si no puede comer helado es porque necesita alimentarse bien, guarda una relación.
  6. En todo momento seremos comprensivos con el niño, tendremos calma con ellos. Y entenderemos que están aprendiendo y necesitan unas pautas y normas. No es que lo hagan por molestarnos.
  7. Deben cumplirse siempre los castigos, si no es así no serán eficaces. Por eso es bueno hacer un castigo lógico y no excedernos. No podemos castigarles primero con mucha fuerza, excediéndonos y poco a poco ir suavizando. Si el adolescente no puede salir hasta que no cumpla sus horas de estudio, mantendremos firmeza en este acuerdo.
  8. Tienen que ser entendidos por los niños/as.  Para que cumpla su función educativa ha de ser comprendido por los pequeños. Para ello dialogaremos con él y le explicaremos las cosas con calma.
  9. Combina el castigo, con castigos de tipo positivo y con refuerzos. No se trata solo de que el pequeño tenga consecuencias negativas, también es bueno que estas consecuencias negativas terminen cuando el pequeño deje de hacer determinada conducta (castigo positivo). Es decir si no recoge los juguetes no podemos salir al parque, pero en cuanto los recoja esta consecuencia negativa finaliza y salimos todos al parque. Los refuerzos también son fundamentales,  elogiar al niño cuando cumple con lo que esperamos y animarle en sus acercamientos a la acción deseada.
Podeís dejar vuestros comentarios.Gracias

lunes, 15 de julio de 2013

CUANDO LOS PADRES SE SEPARAN QUE PASA CON LOS HIJOS, SE SEPARAN TAMBIÉN.


NOSOTROS NOS SEPARAMOS, NUESTROS HIJOS TAMBIÉN...

El hecho de que una pareja con hijos se separe es, indudablemente, una de las circunstancias más complicadas por las que tiene que atravesar una familia, y que inevitablemente afecta también a los hijos.

Al romper con nuestra pareja las personas perdemos una relación especial, íntima, cercana. Frecuentemente esta relación puede suponer una fuente de cariño, amor, seguridad y apoyo. Asimismo perdemos también cosas en el terrero material y económico y en el social (amigos comunes, relaciones familiares, etc.). Incluso en los casos en que las relaciones de pareja hayan sido tormentosas, sentimos una pérdida que nos produce inseguridad, inestabilidad emocional, dolor, emociones confusas y contradictorias.
 
Es comprensible que el estado emocional de los dos ex-cónyuges esté ahora alterado y sobre todo si la relación que existe entre ellos no es tan cordial como sería deseable. Mantener una relación de esas características puede estar influyendo negativamente en los hijos.

En estos casos es necesario hacer un ejercicio de reflexión y generosidad para hacernos conscientes de que todo aquello que podamos hacer y/o decir del otro progenitor delante de los hijos puede influir de forma importante en ellos. En mi opinión esto sería muy positivo, ya que en la medida de que cada parte se sabe una fuente de influencia para los niños será capaz de hacer que las consecuencias de la separación sean lo menos perjudiciales para ellos.
 
Después de la disolución de una pareja uno de los aspectos que más cuesta cambiar es el modo de relacionarse entre los ex cónyuges. En el caso en los que hay hijos de por medio los dos progenitores están condenados a entenderse aunque solo sea por el bienestar de los hijos que hay en común. El consejo más básico y más eficaz en estos casos, aunque a veces pareciera imposible de cumplir, es ANTEPONER EL BIENESTAR DE LOS HIJOS a las rencillas que se mantengan con la ex pareja.

Teniendo en cuenta este objetivo aquí van unas recomendaciones que pueden ser útiles para manejar un poco mejor esta relación:
  • Aprender a controlar las emociones, esforzarnos por escuchar a la otra parte para poder comprender la posición de tu ex pareja.
  • Practicar algún método de relajación y/o mindfulness que os ayude a canalizar las emociones negativas y aprender a gestionarlas para que un acceso de enfado no os juegue malas pasadas.


  • Otra forma de intentar mantener la calma en los momentos en que debéis tomar decisiones conjuntas es dejar de pensar en la otra parte como ex pareja, para pasar a pensar en él/ella como la persona que representa el rol de progenitor.


  • Recordar que culparse a sí mismo o culpar al otro, sin asumir la parte de responsabilidad que tiene uno mismo, no ayuda a solucionar las diferencias.
  • No se deben mostrar actitudes destructivas, hay que intentar no caer en descalificaciones ni reproches.

Aún con todo si los conflictos son de tal envergadura que  resulta imposible llegar a acuerdos, si sois conscientes de que al defender los derechos propios estáis destruyendo los del otro, o si percibís que la situación se os escapa de las manos, tal vez sea conveniente que acudáis a un profesional de la mediación para que os ayude a llegar a acuerdos a través del diálogo y la colaboración.

En relación con el tema de los hijos en principio la ruptura en sí no se considera ni buena ni mala para los hijos, lo que en realidad hace mella en ellos son las actitudes y los comportamientos alterados que muestran los padres entre sí y hacia los hijos después de la separación (insultos, menosprecios, gritos, indiferencia).

Al objeto de ayudar a los hijos a superar la separación es aconsejable tener cuenta estas cuestiones:
  • No se debe exigir a los hijos que tomen partido por uno de vosotros.
  • No se debe utilizar a los hijos como mediadores o interlocutores los miembros de la ex pareja, ni tampoco como sostén emocional de uno de los dos.
  • No tenéis que permitir tampoco que vuestros hijos se entrometan en vuestros asuntos de pareja. Estos pertenecen a vuestra intimidad.
  • No hay que manipular a los hijos para vengarse de la ex pareja, esto puede llevarles a sentirse culpables de la separación.
  • No es conveniente responsabilizar al otro progenitor de los comportamientos que puedan aparecer en los hijos (no querer dormir solos, tener pesadillas, mostrarse agresivos…). Estos actos son formas que tienen los niños de exteriorizar y afrontar los sentimientos que les producen la separación y suelen ser temporales.
  • Evitar generar en los hijos la idea de que todas las relaciones acaban mal.
  • No intentar borrar en los hijos el recuerdo del otro progenitor diciéndoles que no se quiere saber nada de ellos.
  •  Evitar crearles ilusiones de reconciliación parental.

Sobre todo insisto en que la mejor forma que tienen los progenitores de ayudar a sus hijos a adaptarse a los cambios que trae consigo la separación es realizar un esfuerzo por mostrar actitudes respetuosas. Si los hijos perciben que entre los padres hay diálogo y colaboración, y no discusiones que acaban en llantos y gritos, serán capaces de normalizar el divorcio.

Hay que ser consciente de que vuestros hijos merecen tener unos padres que, aunque estén separados, se respeten y compartan momentos en común con ellos sin contemplarse como enemigos.

Montse García


jueves, 11 de julio de 2013

Un breve cuento


Un breve cuento:
Dos semillas estaban juntas en el suelo primaveral y fértil.
La primera semilla dijo:
—¡Yo quiero crecer! Quiero hundir mis raíces en la profundidad del suelo que me sostiene y hacer que mis brotes empujen y rompan la capa de tierra que me cubre... Quiero desplegar mis tiernos brotes como estandartes que anuncien la llegada de la primavera... ¡Quiero sentir el calor del sol sobre mi rostro y la bendición del rocío de la mañana sobre mis pétalos!
Y así creció.
La segunda semilla dijo:
—Tengo miedo. Si envío mis raíces a que se hundan en el suelo, no sé con qué puedo tropezar en la oscuridad. Si me abro paso a través del duro suelo puedo dañar mis delicados brotes... Si dejo que mis capullos se abran, quizá un caracol intente comérselos... Si abriera mis flores, tal vez algún chiquillo me arrancara del suelo. No, es mucho mejor esperar hasta un momento seguro.
Y así esperó.
Una gallina que, a comienzos de la primavera, escarbaba el suelo en busca de comida encontró la semilla que esperaba y sin pérdida de tiempo se la comió.
MORALEJA: A los que se niegan a arriesgarse y a crecer los devora la vida.
PATTY HANSEN
 ¿Qué semilla eres tú? ¿Te piensas demasiado las cosas, estás lleno de miedos?¿o te lanzas a vivir la vida?Tú decides, pero ten cuidado con las gallinas....

jueves, 4 de julio de 2013

Cómo afrontas las adversidades de la vida.

La resiliencia
¿Cómo vivís los obstáculos y traumas de la vida?Espero que seáis del grupo que salen fortalecidos, tu verás.
Aunque la afirmación de Fiedrich Nietzche “lo que no me mata, me fortalece” es más que conocida. Hoy os queremos preguntar si esto de las adversidades y las dificultades en la vida nos potencian realmente y que nos dicen los últimos estudios psicológicos al respecto.
Cuando hablamos de trauma, queremos hacer referencia a cualquier “impacto” en la vida que genera un estrés emocional que acaba por dejar una huella importante en nuestro subconsciente de carácter negativo. Las causas más típicas de traumas emocionales son la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental y la pérdidas del empleo o la ruina económica. Muchas de estas, son buenos caldos de cultivo de futuras depresiones. Y sin embargo, la experiencia parece demostrar que el dolor, el trauma y la pérdida nos pueden hacer más fuertes o al menos nos pueden ayudar identificar nuevos recursos en nosotros mismos.

Pensemos en alguien que después de muchos años con su pareja la pierde o se separan. Es posible que esa persona que siempre se ha visto a sí misma como “pareja de” se vea impulsada de golpe a aprender nuevas habilidades, que pueden ir desde conducir, a pagar impuestos pasando por tener que asistir a eventos sociales sola.
Los estudios que se han hecho indican que las rupturas importantes acaban por desestabilizar los cimientos de una persona, lo que la obliga a plantearse sus prioridades en la vida, su razón de ser y su identidad. Y en último término a lidiar con preguntas filosóficas o espirituales que lleva muchas a afirmar con posterioridad una vida con un nivel de conciencia más elevado.
Por lo tanto, los estudios sobre crecimiento postraumático tienen bastante de positivo, en tanto en cuanto, uno no sólo puedo sobrevivir a los grandes impactos emocionales sino que también se puede crecer con ellos.  La doctora Sonya Lyubomirsky identifica tres caminos posibles que uno puede tomar ante una adversidad en la vida: la supervivencia, la recuperación y el desarrollo.
  • La supervivencia implica un peor nivel de vida aparejado normalmente a una pérdida de capacidad para disfrutar del amor, el trabajo y el ocio.
  • La recuperación, se da en aquellos casos en los que una persona sufre después de un trauma, pero al final vuelve a su estado original.
  • El desarrollo, se refiere a alguien que sufre pero que, a la larga, no sólo vuelve a su estado original sino que se eleva por encima de él. Son personas que experimentan una transformación.
 
En cualquier caso, lo que tenemos que tener claro es que el crecimiento postraumático no quiere decir estar siempre alegres y despreocupados. En realidad, la mayoría la mayoría de las personas que pasan por experiencias traumáticas dicen experimentar una importante aflicción al mismo tiempo que mencionan sentirse fortalecidos y una mejoría del sentido de su vida.
Dicho de otro modo, el camino hacia arriba que te facilita una vida más satisfactoria y llena de sentido puede estar cubierta de obstáculos y hoyos a sortear. Nada hay de bueno en el pérdida, tan sólo puede haberlo en el sentido que se le quiera dar y en el posterior periodo de lucha que uno afronte.

viernes, 28 de junio de 2013

¿Sabes que es el autoconcepto?

¿Qué es el autoconcepto y cómo se forma?

 
El autoconcepto es básicamente la imagen que tenemos de nosotros mismos. Esta imagen se forma a partir de un buen número de variables, pero es particularmente influenciado por nuestras interacciones con las personas importantes en nuestras vidas. Incluye la percepción de nuestras capacidades y nuestra propia singularidad, y a medida que envejecemos estas auto-percepciones se vuelven mucho más organizadas, detalladas y específicas.
Componentes del autoconcepto
Al igual que ocurre con otros muchos términos en psicología, diferentes acercamientos teóricos han propuesto diferentes formas de definir y pensar sobre el autoconcepto.
De acuerdo con una teoría conocida como la teoría de la identidad social, el autoconcepto se compone de dos partes fundamentales: la identidad personal y la identidad social. Nuestra identidad personal incluye cosas tales como los rasgos de personalidad y otras características que hacen a cada persona única. La identidad social incluye los grupos a los que pertenecemos dentro de la comunidad, la religión, la universidad o la propia familia.
Para el Psicólogo humanista Carl Rogers el concepto de sí mismo se compone de tres factores diferenciados:
  1. La imagen de ti mismo, o cómo te ves. Es importante darse cuenta de que la auto-imagen no coincide necesariamente con la realidad. La gente puede tener una auto-imagen inflada y creer que son mejores las cosas de lo que realmente son. Por el contrario, las personas también son propensas a tener auto-imagen negativa y percibir o exagerar los defectos o debilidades.
  2. La autoestima, o cuánto te valoras. Una serie de factores puede afectar a la autoestima, incluso cómo nos comparamos con los demás y cómo responden los demás ante nosotros. Cuando la gente responde positivamente a nuestra conducta, somos más propensos a desarrollar una autoestima positiva.
  3. El Yo ideal, o cómo te gustaría ser. En muchos casos, la forma en que nos vemos y cómo nos gustaría vernos a nosotros mismos no coincide.
Congruencia e Incongruencia
Como se mencionó anteriormente, los auto-conceptos no siempre están perfectamente alineados con la realidad. Según Carl Rogers, el grado en que el autoconcepto de la persona coincide con la realidad determina el grado de congruencia o incongruencia.
Rogers cree que la incongruencia tiene sus primeras raíces en la infancia. Cuando los padres ponen condiciones al afecto que ofrecen a sus hijos (sólo expresan su amor si los niños “lo ganan” a través de ciertos comportamientos, o satisfacen las expectativas de los padres), los niños empiezan a distorsionar los recuerdos de experiencias en los que se han sentido indignos del  amor de sus padres.
Por contra, el amor incondicional, ayuda a fomentar la congruencia. Los niños que experimentan este tipo de amor no sienten ninguna necesidad de falsear continuamente sus recuerdos para creer que otras personas los aceptan como realmente son.
Fuente:  - About.com Guide

jueves, 27 de junio de 2013

Cuanto cuesta olvidar a un gran amor!!

¿Se llega a olvidar a un gran amor?

¿Se llega a olvidar a un gran amor?
Algunas personas cuando se van a dormir convierten su cama en una especie de “máquina de tiempo”, viajando al pasado y rememorando a su antiguo amor. ¿Cuántas noches de insomnio hemos pasado pensando en nuestra antigua pareja? Seguro que más de una, a pesar de que se trata de un viaje en el tiempo en el que nada ocurre y lo único que conseguimos es empacharnos de pasado.
En algunas ocasiones son recuerdos tan vívidos que parece como si el pasado volviese a surgir ¿Qué ocurre si esa relación ya no existe desde hace mucho tiempo? ¿No la has olvidado? No te sientas un bicho raro, la ciencia ha demostrado que cuando una relación es muy intensa queda grabada en el cerebro de forma muy especial. Pero, nos preguntamos ¿realmente se llegan a borrar los recuerdos de esos amores?

Lo cierto es que es un tema complejo al que si tuviéramos que dar una respuesta rápida sería; no. No se pueden borrar, o por lo menos no de forma sencilla. Lo que sí se pueden es aceptar esos recuerdos y entrenarse para vivir en el presente. Por lo tanto aquí no es cuestión de borrar o no, sino más bien de conseguir pasar página sabiendo que nuestro recuerdos funcionan a través de un circuito neurológico que fija con mayor intensidad los recuerdos que fueron incorporados en un fuerte contexto emocional, de ahí la gran dificultad que tienen las personas de olvidar un gran amor, puesto que a mayor intensidad emocional mejor recuerdo tendremos de ese amor.
Bechara, neurobiólogo especializado en las funciones cerebrales que intervienen en la toma de decisiones, nos aclara que el conflicto cerebral se debe a que por un lado se reconoce que existe una ruptura, pero por otro lado un parte del cerebro sigue enviando imágenes y reacciones corporales que se encuentra ancladas en el pasado. Esa parte del cerebro se llama amígdala y fija con más intensidad algunas situaciones vividas con la antigua pareja en las que hubo un componente emocional fuerte. Lo que ocurre  es que aún transcurriendo tiempo, y siempre que se vuelvan a dar esos estímulos, la amígdala responderá con descargas emocionales involuntarias que nos recuerdan a nuestra antigua pareja.
¿Ocurre siempre así? No, por supuesto que no, cuando la relación es pasajera, no acaece todo esto. Cuanta mayor información se grabó de ese afecto, tanto en cantidad o calidad, mayor efecto tendrá en la amígdala y  por lo tanto más reacciones podrá enviar esta al resto del sistema nervioso.  Por ello, cuando ves a tu ex pareja, aparecen los recuerdos. Para Antonio Damasio, uno de los grandes neurólogos de nuestro tiempo, existen ciertas respuestas químicas que se traducen en emociones que podrían perdurar prácticamente inalterables toda la vida y que se producirían cuando vemos a la persona que generó esos sentimientos.
¿Entonces, de donde sale la frase “con el tiempo todo se olvida”?, ¿no tiene base científica? Sí la tiene, con el paso del tiempo hay una saturación de las emociones negativas y de las situaciones críticas y se produce una disminución de los neurotransmisores, por eso los recuerdos sobre alguien pierden peso.
Del mismo modo podemos señalar, que algunos avances científicos parecen apuntar a que seremos capaces de borrar recuerdos. Casi a la par, en 2010 científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins (EE UU) descubrieron que eliminando proteínas de cierta zona del cerebro favorecen la desaparición de recuerdos negativos.
En cualquier caso y dado lo que ya sabemos sobre la dificultad de olvidar literalmente un gran amor, es  la aceptación de la realidad, el saber pasar página y la apuesta firme y decidida por vivir día a día cada día.

EL HUMOR Y EL AMOR
 La risa compartida crea en la pareja un maravilloso sentimiento de unión y complicidad.

   Si cuando estamos de buen humor hacemos un ejercicio de memoria y recordamos situaciones que en el pasado nos resultaron problemáticas, veremos que, con el tiempo, la mayoría no tenía tanta importancia y que hoy incluso nos hacen reír. ¿Por qué no sacar provecho a esto para hacernos la vida más agradable y utilizar el sentido del humor, en lugar del mal genio, para resolver problemas de pareja? UNA PAREJA QUE SE RIE JUNTA ES FELIZ “Ernesto y yo estábamos gritándonos –cuenta Leonor de 34 años–. La discusión había empezado por no sé qué tontería, pero iba a más. Yo estaba tan enfadada que me subí a la cama para poder chillarle de igual a igual –él es mucho más alto que yo– y, de pronto, nos dimos cuenta de lo ridícula que era la situación, empezamos a reírnos (primero sin querer hacerlo y luego a carcajadas), y ya no pudimos seguir discutiendo”. Aunque actualmente la sociedad valora más la seriedad –como sinónimo de responsabilidad – que el buen humor, es fundamental que el hombre y la mujer no pierdan nunca la capacidad de reírse juntos, ya que esto crea una gran complicidad entre ellos. Y ser cómplices es el mejor nexo de unión de la pareja y un mecanismo fantástico de comunicación. De hecho, si nos remontamos en el tiempo y tratamos de recordar ese momento en el que fuimos conscientes por primera vez de que el otro era alguien especial, es muy posible que este instante esté unido a una sonrisa de complicidad compartida. En general, las parejas descubren enseguida si pueden reírse de las mismas cosas y es raro que una relación se llegue a consolidar cuando ambos no están en la misma onda.
Pero entonces, ¿qué sucede después para que poco a poco la pareja se deteriore y los momentos íntimos y divertidos dejen paso, cada vez con más frecuencia, a las discusiones y a las broncas? La pérdida del sentido del humor en la pareja es un síntoma claro de que algo anda mal, de que la comunicación se está deteriorando porque no somos capaces de expresar realmente lo que sentimos o porque, en lugar de escuchar lo que dice el otro, tendemos a hacer lo que se conoce como “adivinación de pensamiento”, es decir, contestar a lo que se cree que quiere decir y no a lo que realmente está diciendo. UN GUIÑO OPORTUNO PUEDE EVITAR TENSIONES Imaginemos una escena que, por desgracia, a la mayoría nos resulta muy familiar. Uno de los dos llega a casa cansado después de todo un día de trabajo y pregunta: ¿Qué vamos a cenar?”. El otro, que no ha tenido tiempo de comprar nada y también está cansado, malinterpreta la pregunta como un ataque y responde defendiéndose: “Si fuera por lo que tú te ocupas, no cenaríamos nunca”. Ahora ya los dos se sienten atacados...
“Si tú no te empeñaras en controlarlo todo...”, exclama, con evidente sorna, el hambriento. Y se inicia una discusión que puede continuar sacando todos los trapos sucios del pasado. Por ejemplo, no es raro que aparezca alguna alusión a las respectivas familias políticas o al –de repente – funesto día en que uno conoció al otro. Sin embargo, la misma situación podría resolverse mucho más fácil y agradablemente si uno de los dos fuera capaz de demorar la respuesta unos segundos, respirar profundamente y sustituir las ganas de asesinar al otro por una tierna o, incluso, sugerente broma. Así, a la pregunta de “¿qué vamos a cenar?”, se puede responder con un guiño y una sonrisa franca: “Como no tuve tiempo de comprar nada, podemos comernos el uno al otro, encargar una pizza o hacer primero lo uno y luego lo otro”. El humor puede salvar muchas situaciones. Le quita seriedad al asunto y hace que nos demos cuenta de que, la mayoría de las veces, las cosas son mucho menos importantes de lo que parecen y, además, si se tratan con tranquilidad, relajación y risas, se van a solucionar antes. Sin embargo, es muy importante utilizarlo adecuadamente, evitar el sarcasmo y la ironía y respetar esos terrenos del otro –que todos conocemos– con los que no se puede bromear. Evidentemente todos tenemos unos límites que no se deben transgredir, porque a partir de ahí las bromas duelen. Pero si la pareja tiene un buen grado de empatía, es decir, si ambos son capaces de ponerse en el lugar del otro, saber cómo se siente y respetarle, es muy fácil no pasarlos. Claro que nada de esto se puede hacer cuando nos sentimos mal. Para poder bromear de forma sana tenemos que empezar por reírnos de nosotros mismos, asumiendo que no somos perfectos y que, como el resto de la humanidad, tenemos muchísimos errores. TERAPIA QUE ALARGA Y ENDULZA LA VIDA Dice un proverbio chino que para estar sano hay que reír, al menos, 30 veces al día. Y es que está demostrado que la risa y el buen humor son la mejor medicina contra el estrés, la tensión y los problemas. Hay que tener en cuenta que, al mismo tiempo que se ríe, es imposible enfadarse, odiar y hasta pensar. La risa hace que el cerebro empiece a liberar endorfinas y este proceso resulta incompatible con la producción de adrenalina que provocan los enfados. La risa es además un antídoto contra el dolor físico y psicológico. Oxigena el organismo, activa la circulación, refuerza el sistema inmunológico y proporciona sensación de bienestar. Si cuando más enfadados estamos pudiéramos detenernos, contar hasta diez y pensar en algo que nos hiciera sonreír, estaríamos poniendo en marcha un benéfico círculo vicioso:
Al reír obligamos al cerebro a fabricar endorfinas (llamadas “hormonas de la felicidad”) que nos hacen sentir de buen humor, y así es más fácil reír, y reír mejora el ánimo... En este proceso se basa la “risoterapia”, que consiste en provocar la risa sana, la carcajada, que pone en movimiento 400 músculos del cuerpo, quema calorías y nos deja hasta “cosquillitas”, sin emplear drogas ni fármacos. Se trata únicamente de reír escuchando carcajadas grabadas o recordando episodios divertidos de nuestra vida. El resultado es una gran medicina preventiva sin efectos secundarios. “TRUCOS” PARA MEJORAR EL ESTADO DE ANIMO De acuerdo, la risa y el sentido del humor son el mejor remedio contra el estrés y las tensiones, pero, ¿qué podemos hacer cuando estamos verdaderamente rabiosos y enfadados?. Llegar a dominarse requiere un tiempo de aprendizaje.Ante todo, hay que intentar ser consciente de lo absurdo que resulta discutir acaloradamente por tonterías como la pasta de dientes o una mancha en el mantel. Sobre todo, porque estas broncas enmascaran siempre otros problemas que rara vez se abordan. Si lo que nos molesta es que el otro no colabore con las tareas domésticas, debemos decirlo en un momento en que estemos tranquilos, expresando claramente nuestros sentimientos. Un buen truco que ayuda a ver las cosas de otra manera es imaginarnos a nosotros mismos y a nuestra pareja como dos actores que discuten en una película y observar, como espectador, lo que ocurre. Si somos capaces de distanciarnos, nos daremos cuenta de lo ridículo que resulta. También ayuda recordar los momentos divertidos que hemos pasado juntos riéndonos por cualquier cosa. Y, sobre todo, recuperar ritos y costumbres típicos del inicio de la relación que a todos nos ponen de buen humor: sorprender al otro, tener pequeños detalles con él, dejarle notitas cariñosas, reunirnos con amigos cercanos y divertidos, salir solos, y permitirnos el lujo de jugar a hacernos cosquillas u organizar una guerra de almohadas sin pensar que por ello dejamos de ser padres maduros y responsables.