lunes, 4 de abril de 2016

La ira en la pareja:


Una de las emociones más complejas y displacenteras es la ira. Produce sentimientos que van desde la simple irritación hasta la hostilidad pasando por el enfado, la rabia y la furia.Todos ellos son el componente cognitivo de la ira que va acompañada de una escala fisiológica producida por un aumento en la activación del sistema nervioso central, aumento de la tensión muscular y de la respuesta motora, lo cual implica expresiones faciales y conductas agresivas.
La ira, como emoción, aparece sobre todo en situaciones interpersonales que son evaluadas por el individuo como una violación injustificada de su terreno, de manera que su afrontamiento ante dicha situación es el ataque frontal.

La ira y su efecto en las relaciones

La ira es una emoción muy destructiva para una relación. Cuando convivimos con alguien, nuestras personalidades, prioridades, expectativas, intereses y formas de hacer las cosas pueden chocar. Cuando se pasa mucho tiempo con la pareja, uno mismo acaba siendo hipercrítico con el otro, echándole la culpa de cualquier minucia (si vuelve a haber pelos en el baño, si no ha bajado la tapa del inodoro, si no ha recogido su ropa, si no ayuda en casa,…), lo cual genera un intenso mal genio que puede pasar rápidamente a convertirse en rabia.
Si la pareja no hace un esfuerzo por vencer dicha rabia, tan sólo en cuanto despunte, se convertirá en ira y acabará por poner en peligro la integridad de la propia pareja. Aunque la pareja se reconozca enamorada, lo que no puede ocurrir es que se enfaden día sí y día también ya que ello acabará erosionando la relación, disminuyendo el enamoramiento y espaciando los momentos felices que antes vivían.
Así, una pareja que era plástica, en el sentido de que tenía capacidad de recuperación tras cada discusión, llegará el momento en que ya no será plástica puesto que no habrá tiempo de recuperación posible, dado que ya estará empezando la siguiente discusión o pelea.
Aunque dicen que el amor todo lo puede, lo cierto es que la capacidad de sostenimiento de una pareja, siendo estas las condiciones, es escasa. La gestión adecuada de la ira es fundamental en cualquier tipo de relación interpersonal para mejorar la convivencia y el bienestar.

Paciencia y aceptación

Si conseguimos ser más pacientes y comprender que nuestra pareja no pretende hacernos ningún daño, será mucho más fácil gestionar toda la ira que sus conductas nos puedan producir.
Por otra parte, debemos pensar que, cuando sentimos rabia o ira contra alguien próximo, de alguna manera le estamos convirtiendo en  el “enemigo” a batir y, por tanto, estamos viviendo una realidad equivocada llena de “enemigos imaginarios”. Ello ocurre en numerosas ocasiones porque queremos cambiar a nuestra pareja, hacerla a nuestro gusto, a nuestra forma de ser. No la estamos aceptando tal y como es.
Esta debería ser nuestra primera meta: aprender a que cada uno es cada cual  y que, de la misma manera que queremos ser tolerados en nuestras debilidades, debemos aprender a tolerar al otro. Si no nos gusta que nos juzguen, debemos empezar por la persona que tenemos más cerca.
La única forma que tenemos para dejar de culpar al otro de todo lo malo que ocurre en nuestra relación y darnos cuenta de que si la relación no funciona, quizás un poco es culpa de cada uno ¿no crees? En lugar de reaccionar con rabia, el otro miembro de la pareja se sentirá motivado, valorado, se relajará y se despertaran los sentimientos positivos como la tolerancia, la paciencia, la generosidad… Valores y sensaciones que llevarán a que la calidad de la relación de pareja sea mejor.

Personalidades y maneras de reaccionar ante una discusión de pareja

1.- Si en una pareja, uno de los dos es ansioso, posesivo, inseguro o celoso,  ante una discusión de pareja puede volverse agresivo o entrar en sintomatología depresiva ante una discusión de pareja.
2.- Hay personas que necesitan que su pareja les muestre afecto constantemente pero, debido a su elevada inseguridad y su baja autoestima, nunca será suficiente. Por ello, se acaban convirtiendo en personas obsesivas, tozudas y con una muy baja tolerancia a la frustración. La mayoría son dependientes emocionales con lo cual no soportan que su pareja decida romper la relación.
3.-Las personalidades evasivas se caracterizan por no demostrar sus sentimientos debido a diversas causas: miedo, deseo de controlar al otro, no poder asumir lo que comporta un compromiso con otra persona. No quieren demostrar esos sentimientos y, cuando lo hacen, es de forma abusiva poniendo sus necesidades por encima de las de su pareja.
Son el tipo de personalidades que discuten con mayor facilidad aunque fingen que no han hecho nada sino que la “culpa” es del otro. Nunca reconocen un error, son bastante manipuladores y su propio ego no soporta tener que admitir una discusión.
4.- Para las personalidades seguras, una pelea con la pareja les podría afectar. Saben pedir perdón si han hecho algo incorrecto durante la discusión  ya que ello les genera paz interior. Les cuesta mantener una relación con una persona ansiosa o evasiva porque no están dispuestos a estar con una pareja que intente “robarle” esta paz. Su autoestima es alta y estable y, si algo les incomoda, lo dicen de inmediato. Se expresan de una manera firme pero nunca agresiva ya que su meta es expresar claramente sus preocupaciones y necesidades pero sin dañar al otro.

Decálogo para manejar las emociones negativas en una discusión de pareja

discusion pareja psicologoNunca insultes ni humilles a la pareja.
Nunca compares a tu pareja con otra persona o con una antigua relación porque ello produce mayores desavenencias.
No montes escándalos en la calle o en una reunión social. Si tu pareja pierde los papeles, coméntale que no estás dispuesto a entrar en actitudes irrespetuosas.
Si tu pareja ha cometido un error, no imitarlo por venganza.
Si crees que tu pareja te ha ofendido porque se ha vuelto intolerante, agresivo, o insoportable en el trato, díselo de una forma lo más clara posible. Quizás adquiera una actitud defensiva, chillona, te acuse y te culpe de todos lo males de la relación. En este caso, debes mantenerte firme, calmado y decirle que no vas a hablar con alguien que no sabe dialogar, usar técnicas asertivas…
Lo ideal es dejar la conversación en este punto: salir a dar un paseo por separado y, a la vuelta, si tu pareja esta más tranquila, reemprender la charla por el punto en dónde se había dejado siempre y cuando quede claro que no vas a permitir más faltas de respeto ni humillaciones.
No consumas alcohol o cualquier otra sustancia de abuso. Aquello de que “el alcohol mata las penas” es rotundamente falso y lo único que conseguirás es que empeore la situación con tu pareja.
Si tu pareja te llama al móvil o te escribe un what’s app o un mail en los que te insulta o humilla, no contestes. Todo lo que respondas a través de ese medio será malinterpretado por una pareja dispuesta. Evita discutir por este medio.
No descuides tu vida escolar, universitaria o laboral, tus metas y tus proyectos por una pelea de pareja.
Amar es un aprendizaje que requiere de voluntad por los dos miembros de la pareja. Toda relación de pareja es una relación afectiva que debe ayudaros a ambos a ser más seguros, comunicativos y capacitados emocionalmente.
Si te das cuenta que cometes errores y que estos se repiten con una mayor frecuencia de la deseable, produciendo una actitud incorrecta en la pareja, una agresividad que no puedes controlar, busca ayuda profesional.

Pautas para cambiar la ira

Recuerda que la ira incontrolable es una conducta que aprendemos y, para una mejor relación de pareja, la debemos cambiar. Aquí dejamos unos consejos.
1. Calma. Puedes contar hasta diez, salir de la habitación, ir a dar un paseo o cualquier tarea distractora que te permita restaurar tu estado de calma.
2. Respira profunda y rítmicamente mientras relajas tus músculos, visualizando una escena placentera.
3. Actitud positiva. Repite frases positivas dichas a ti mismo o mantras como: “mantén la calma,” “estoy enfadado pero lo puedo controlar,” o “no debo dejar que esto me moleste.”
4. Haz ejercicio. Caminar, ir en bicicleta, salir a correr, jugar al baloncesto o al fútbol permite liberar la rabia contenida.
5. Buen humor. Úsalo para aliviar la tensión. Imagínate a ti mismo y a la persona con la que estás molesto en una situación graciosa.
6. Toma nota de tus actitudes. Identifica las situaciones que producen tu ira y registra tus reacciones.
7. Exprésate. Habla con una persona cerca, incluso con  terapeuta para reducir tu frustración.
8. Perdona. No es realista esperar que todos se comporten de la manera que tu deseas. Si algo te parece ofensivo o provocador, aprende a perdonar.
Manifestar la ira de una manera explosiva es un extremo del espectro. Esta reacción, igual que culpar a otros, será contraproducente si se quiere encontrar una solución a cualquier problema. Ante todo, busca ayuda profesional.
La autora de este artículo
María Dolors Mas

sábado, 3 de octubre de 2015

 Os dejo este fragmento que me encanta sobre el amor de Khalil Gibran .
Se lo dedico a una pareja muy especial que han descubierto el amor,un beso.

Del matrimonio, de El Profeta

" Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre.
Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días.
Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios.
Mas dejad que en vuestra unión crezcan los espacios.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos uno a otro, mas no hagáis del amor una prisión.
Mejor es que sea un mar que se mezca entre orillas de vuestra alma.
Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis sólo en una.
Compartid vuestro pan, mas no comáis de la misma hogaza.
Cantad y bailad juntos, alegraos, pero que cada uno de vosotros conserve la soledad para retirarse a ella a veces.
Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música.
Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones.
Y permaneced juntos, más no demasiado juntos:
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble ni el ciprés crecen el uno a la sombra del otro.
"

Relación con la expareja: Salud para hijos y padres


Muchas personas, principalmente padres, se preguntan frecuentemente si es  o no es saludable participar de actividades familiares con su ex pareja. Se trata de un tema recurrente que afecta y preocupa sobremanera a la gran mayoría de las parejas separadas. Cuando buscan opinión profesional lo primero que se les comenta es la importancia de que los padres se comuniquen entre ellos, naturalmente por la salud de los niños. De no ser por ellos, las relaciones entre personas que han decidido no compartir más sus vidas dependerán de las circunstancias en las que se haya puesto fin a la relación. Lo ideal, por tanto, sería que los miembros de la expareja desarrollaran una interacción activa, que se comunicaran abierta y sinceramente, esta actitud si se desarrolla de una manera libre y consentida, beneficiará a todas las personas que participan de ella. Existe evidencia de que los niños de padres separados tienen un mejor beneficio en su desarrollo si los papás se comunican, al menos, de una forma funcional positiva.  Claro está que esta es una situación ideal que no se da  todo lo a menudo que sería deseable y en algunos casos en los que se intenta sujeta a cierto grado de obligatoriedad suele resultar de poca ayuda. La flexibilidad es un factor necesario para una buena relación entre los miembros de una antigua pareja que no siempre estamos dispuestos a realizar. El abanico de comportamientos de las ex parejas es amplio, pero abundan los que tan solo pensar en pasar algo de tiempo con su expareja resulta una pesadilla. Muchos padres incluso dejan de participar en actividades importantes para los niños por no pasar tiempo con la ex pareja. Naturalmente las relaciones minimizadas o inexistentes son un conflicto para todos, aunque afectan más negativamente a los hijos en su niñez y adolescencia, y a los padres en su vejez, donde recogemos lo sembrado para enfrentarnos a la soledad.

 

La pregunta sobre si es o no saludable para los padres  hacer  actividades juntos como familia, aunque estén separados, se debe contestar necesariamente reflexionando sobre otra cuestión, la de si son capaces de llevar a cabo actividades juntos sin tener conflictos entre sí.  En caso afirmativo, la interacción con los otros miembros de la familia será habitualmente positiva, aunque es conveniente tener en cuenta algunas precauciones:
  • Si existen actitudes de negación de la separación  es mejor evitar las actividades en pareja. En ocasiones desde la negación puede entenderse la predisposición del otro a la realización de actividades conjuntos como señal de oportunidad de reconciliación, creando unas falsas expectativas muy perjudiciales para todos.
  • Se han de evitar los rituales, como cumpleaños, irse de vacaciones, pasar juntos las navidades, que crean enormes expectativas falsas de reunificación familiar, además son rituales que complican mucho la posibilidad de rehacer la vida con otras personas. La realización de actividades con la expareja deben estar circunscritas a conseguir la mejor adaptación posible de los hijos a la nueva situación.
  • Los niños no tienen que ver necesariamente a papá y a mamá como amigos, sino como personas que se preocupan por ellos y que les quieren por encima de las demás circunstancias.
Pero cada caso es diferente, tiene sus propias dinámicas. No existe ninguna regla sobre qué tipo de relación es la más apropiada una vez que se ha producido una separación conyugal o de pareja. Lo único que se requiere como necesariamente común en todos los casos es que el adulto se comporte como adulto frente a los hijos, esta actitud enseña a los niños a establecer relaciones saludables con otras personas.
Blas Ramón Rodríguez http://blasrodriguezmedicinapsicologica.blogspot.com.es/2015/09/relacion-con-la-expareja-salud-para.html

domingo, 27 de septiembre de 2015

Autoestima y relaciones interpersonales

A pesar de que todos nos relacionamos y comunicamos diariamente, no siempre nos paramos a pensar acerca de la importancia de ello ni de los problemas que se pueden presentar al respecto. Todos establecemos numerosas relaciones a lo largo de nuestra vida como las que se dan con nuestros padres, nuestros hijos, amistades o compañeros de trabajo y estudio. A través de las mismas, intercambiamos formas de ver la vida y compartimos necesidades, intereses y afectos. Es decir, establecemos relaciones interpersonales.
Las relaciones interpersonales son una oportunidad para acercarnos a otras experiencias y valores y para ampliar nuestros conocimientos. A pesar de ello, cada día nos relacionamos con numerosas personas y, es bien sabido, que “cada persona es un mundo”, es decir, que tiene sus propias experiencias, sentimientos, valores, conocimientos y formas de ver la vida.
Aún así, cuando nos relacionamos con los demás esperamos reciprocidad, deseamos dar pero también recibir, escuchar y ser escuchados, comprender y ser comprendidos. Y en esa relación de reciprocidad, si nos miramos honestamente, veremos ciertas actitudes y comportamientos – en nosotros mismos- que nos disgustan como sentir rencor, enfado, envidia e, incluso, ser agresivos y/o irrespetuosos con el otro miembro de esta relación reciproca.
Si conseguimos aceptarnos y reconocernos en estas actitudes negativas, ello posibilitará que las podamos superar y, de esta manera, mejorar la relación con los otros, aceptando sus cualidades y defectos, dando así pie a que surja la confianza entre nosotros mismos y los demás.
A pesar de ello, existen personas que piensan que si se relacionan con gritos y golpes, lograrán que ser vistos con admiración y autoridad. ¡Esto es un gran error!, si nos queremos y respetamos a nosotros mismos no podemos permitir relaciones basadas en la violencia contra los demás. La autoestima se basa en las creencias que son una parte fundamental de la vida de cada uno.
De este modo, nuestros pensamientos son órdenes que serán obedecidas y reflejadas como experiencias en nuestra vida. Así, volviendo al inicio, son ejemplo de creencias –distorsionadas, obviamente – “¡no me quiero!”,”¡ no sirvo para nada!:“nadie me quiere”, “todos me hacen daño”… por poner algunos ejemplos.

Autoestima y autoconcepto

La autoestima es la valoración que realizamos de nuestro ser, de quién soy, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales de nuestra personalidad. La autoestima es el grado de satisfacción personal de la persona consigo mismo, con la eficacia de su propio funcionamiento y la actitud evaluativa de aprobación que siente hacia si misma. El autoconcepto es el concepto – positivo o negativo- que cada uno tenemos acerca de nosotros mismos. Y, como vemos, la delimitación conceptual del término “autoestima” no es muy clara. El origen del autoconcepto se sitúa en el nacimiento de la persona pero va evolucionando – tanto cuantitativa como cualitativamente – de manera que puede enriquecerse o disminuir y modificarse a lo largo de la vida de dicha persona. Por tanto, el autoconcepto se desarrollará – positiva o negativamente – según las percepciones de las características, atributos, cualidades, defectos, capacidades y límites propios y en comparación con los demás.

Dimensiones del autoconcepto

Podemos decir que el autoconcepto está formado por diversas dimensiones o elementos y ello es importante porque, a su vez, la autoestima está formada por diversas dimensiones del autoconcepto. Así, el autoconcepto está formado por:
1) Conocimiento de sí mismo(a): Se trata de la posibilidad de describirse de la manera más real y objetiva posible, en los aspectos esenciales de su ser: gustos, preferencias, habilidades, debilidades, fortalezas, prejuicios, valores. Se relaciona directamente con la noción de la forma de ser y de reaccionar de cada uno. Es un sentimiento interior que permite reconocerse y conocer la propia vida.
2) Autocontrol: Saber manejar los propios sentimientos, permaneciendo serenos y tranquilos, para afrontarlos y para recuperarse rápidamente de los impactos producidos por las emociones negativas.
3) Autonomía: Capacidad para tomar decisiones de forma independiente, resolver los propios problemas sin buscar a otros para que lo hagan y manejar la presión que ejerce el entorno al tomar decisiones. Si, finalmente, el auto-concepto es positivo, ello favorece el desarrollo de las capacidades potenciales y motiva a la autorrealización.

Dimensiones de la autoestima

La delimitación conceptual de la autoestima y del autoconcepto no es clara, hasta el punto, que ambos conceptos se usan, indistintamente, para referirse al conocimiento que la persona tiene acerca de si misma.
Por ello, podemos decir que la autoestima está formada por cinco dimensiones o autoconceptos distintos:
1) Académico/laboral: Percepción que la persona tiene sobre la calidad de desempeño de su rol, ya sea como estudiante o trabajador. Correlaciona positivamente con el ajuste psicosocial, el rendimiento académico/laboral, la calidad de ejecución del trabajo, la aceptación y estima de los compañeros, el liderazgo y la responsabilidad, mientras que correlaciona negativamente con el absentismo académico/laboral y el conflicto.
2) Social: Percepción del sujeto de su desempeño en las relaciones. Esta dimensión viene definida por dos ejes: la red social de la persona y su facilidad o dificultad para mantenerla y ampliarla así como algunas cualidades importantes en las relaciones interpersonales como, por ejemplo, ser amigable y alegre. Dicha dimensión correlaciona positivamente con el bienestar psicosocial, la estima de profesores y jefes, la conducta pro social, los valores universalistas y, a su vez, correlaciona negativamente con los comportamientos disruptivos, la agresividad y la sintomatología depresiva.
3) Emocional: Percepción del sujeto de su estado emocional y sus respuestas a situaciones específicas, con cierto grado de compromiso e implicación en su vida cotidiana. Tiene dos fuentes: la percepción general de su estado emocional, por ejemplo, “estoy nervioso/a”, “me asusto fácilmente”… y, por otra parte, esa misma percepción referida a situaciones concretas como “ me pongo nervioso/a cuando me preguntan” , especialmente, si la otra persona es una figura de referencia o de autoridad Correlaciona positivamente con las habilidades sociales, el autocontrol, el sentimiento de bienestar y la aceptación de los iguales. En cambio, correlaciona negativamente con la sintomatología depresiva, la ansiedad, con el consumo de alcohol y tabaco y la escasa integración en el aula o en el trabajo.
4) Familiar: Percepción de la persona acerca de su implicación, participación e integración en el medio familiar. También, se articula en torno a dos ejes; el primero, se refiere, específicamente, a los padres en referencia a dos aspectos tan importantes de las relaciones familiares como son, la confianza y el afecto. El segundo, se refiere al hogar en torno a cuatro variables; dos de ellas, formuladas positivamente, “me siento feliz y mi familia me ayudaría”, aluden al sentimiento de felicidad y de apoyo, mientras que las otras dos, formuladas negativamente, ”mi familia está decepcionada y soy muy criticado/a”, hacen referencia al sentimiento de no estar implicado y de no ser aceptado por los otros miembros de la familia Correlaciona positivamente con el sentimiento de bienestar, la integración escolar y laboral, el ajuste psicosocial, la conducta prosocial, la percepción de salud física y mental. Y, correlaciona negativamente con la sintomatología depresiva, la ansiedad y el consumo de drogas.
5) Físico-. Percepción del individuo acerca de su aspecto físico y condición física.
Gira en torno a dos ejes complementarios: la práctica deportiva, en su vertiente social, física y de habilidad “soy bueno jugando al tenis”, mientras que el segundo eje hace referencia a elementos del aspecto físico como son, la atracción, el gustarse o el considerarse elegante.0
Correlaciona positivamente con la percepción de salud, el autocontrol, la percepción de bienestar, el rendimiento deportivo, la motivación de logro y la integración social y escolar. Sin embargo, correlaciona negativamente con el desajuste escolar, la ansiedad y la presencia de problemas con los iguales, aunque en menor grado.

¿Cómo se adquiere una mala autoestima?

En contra de lo que pueda parecer, nadie adquiere una buena autoestima a fuerza de que le digan que es “maravilloso” o “lo bien que lo hace todo”.
Y, aunque pueda parecer chocante, la disciplina y el autocontrol también sirven para la construcción de una buena autoestima. Existen una serie de elementos perturbadores de la construcción de una buena autoestima, entre los cuales, cabe citar:
  •  la sobreprotección de los padres, abuelos y hermanos
  • las palabras que hieren
  • el “dejar hacer” con decisiones que nos pertenecían
  • las críticas constantes
  • el desánimo y abandono ante las dificultades
  • las expectativas – demasiado o poco – elevadas
  • la inconstancia en la disciplina
  • el abuso físico
  • el fracaso escolar

Estrategias para conseguir una buena autoestima

La autoestima se puede mejorar a lo largo de nuestra vida, al tomar conciencia de nosotros mismos y decidir cambiar el modelo de pensamiento y conducta aprendida Cambiar este modelo supone:
  • Vivir de forma consciente.
  • Ser honesto y fiel a mis principios.
  • Vivir en el presente y adaptarme a mi realidad, sea cual sea.
  • Pensar con calma lo que debo hacer.
  • Enfrentarme a mí mismo con todos mis miedos.
  • Opinar de forma independiente, con la verdad por delante.
  • Examinar mis errores e intentar corregirlos.
  • Mostrar una actitud positiva y activa.
  • No hacer caso de las críticas destructivas dirigidas a tu persona ; niégate a sentirte mal para que otros se sientan mejor.
  • Acostúmbrate a sentirte feliz.
  • Deberás realizar cambios en tu comportamiento para encontrar un ambiente agradable en el que te puedas desarrollar, plenamente, como persona.
  • Practica, con naturalidad, las relaciones interpersonales porque ello aumentará tu autoestima.

¿Cuáles son las características de las personas con autoestima elevada?

  • Acepta su sexo y se relaciona con el sexo opuesto de forma sincera y duradera.
  • Hace su trabajo con satisfacción, lo hace bien y aprende a mejorar.
  • Se gusta a sí mismo y gusta a los demás.
  • Tiene confianza en sí mismo y en los demás.
  • Toma sus propias decisiones y goza con el éxito.
  • Se percibe como único y diferente y percibe a los demás de la misma forma.
  • Conoce, respeta y expresa sus sentimientos y permite que lo hagan los demás.
Cualquiera de nosotros debe tener presente diversos puntos:
  • Todos tenemos cualidades y defectos.
  • Todos podemos reconocer nuestros defectos y cualidades.
  • Todos tenemos algo bueno de lo cual siempre podemos estar orgullosos.
  • La forma de sentirse influye mucho en lo que se hace con la vida propia.
  • Si una persona está bien con uno mismo se puede actuar mejor y lograr estar bien con los demás.
Todos somos importantes
Abraham Maslow dice: “Sólo se podrá respetar a los demás cuando se respeta uno a sí mismo; sólo podremos dar cuándo nos hemos dado a nosotros mismos; sólo podremos amar cuando nos amemos a nosotros mismos”.
“El hombre tiene la capacidad para elegir la actitud personal ante cualquier reto, o un conjunto de circunstancias y así decidir su propio camino. Lo que el hombre llega a ser lo tiene que ser por sí mismo. Se ha llamado a la autoestima la clave del éxito personal, porque ese “sí mismo”, a veces está oculto y sumergido en la inconsciencia o en la ignorancia”.
Maria Dolors Mas

martes, 8 de septiembre de 2015

Cómo afecta a los niños el divorcio

En España cada cuatro minutos se rompe un matrimonio, una cifra realmente alarmante, sobre todo si tenemos en cuenta que el 40% de las parejas termina su relación de manera conflictiva ya que no logran llegar a un acuerdo. Cuando existen niños de por medio, la situación es aún más preocupante ya que los pequeños pueden sufrir mucho con la separación de sus padres.
el niño ante el divorcio

Siete consejos prácticos para proteger al niño ante el divorcio

  1. Explícale de manera clara qué está sucediendo. Los niños, sobre todo cuando son pequeños, pueden tener algunas dificultades para comprender qué significa divorciarse. Por eso es importante que le expliques de manera sencilla y concreta qué pasará. Lo ideal es que ambos padres estén presentes y que se focalicen en hacerle comprender los cambios prácticos que conllevará el divorcio.
  2. Dile que sus padres le quieren incondicionalmente. El niño comprende el divorcio a través de la imagen del mundo que se ha formado por lo que a veces es normal que tema que sus padres dejen de amarle. Por eso es importantísimo que le quede claro que el progenitor que se va de casa no le está abandonando y continuará queriéndole.
  3. No dejes que se culpabilice. Aunque nunca le hayas dicho al niño que la culpa del divorcio es suya, a veces los pequeños creen que sus padres se separaron por algo que él hizo. Recuérdale que él/ella no es responsable del divorcio.
  4. Responde a todas sus preguntas con seguridad. Quizás cuando le des la noticia del divorcio el niño necesitará algún tiempo para procesarla pero apenas lo haga comenzará a hacerte preguntas. La clave está en responderlas con seguridad y centrarse siempre en los detalles prácticos. En esos momentos de incertidumbre es fundamental que le transmitas confianza al pequeño, este debe saber que todo está bajo control.
  5. No dejes que sus fantasías de reconciliación se desboquen. Casi todos los niños fantasean con la posibilidad de que sus padres se reconcilien y vuelvan a vivir juntos. En ese caso, no debes alterarte ni gritarle, simplemente le debes explicar que eso no va a suceder porque vosotros ya habéis tomado una decisión.
  6. No le obligues a tomar partido. Algunos padres hablan mal de su ex pareja, a veces lo hacen delante del niño sin darse cuenta pero en otras ocasiones incluso le obligan a ponerse de uno u otro bando, como si se tratase de una guerra. Esta petición es muy injusta  y perjudica al niño, que necesita poder confiar en ambos padres.
  7. Mantén las rutinas. El divorcio de por sí ya implica muchos cambios para el niño por lo que es importante que sigas un horario regular y mantengas todas las rutinas posibles. Eso le ayudará a sentirse tranquilo y confiado porque sentirá que aún tiene cierto grado de control sobre su entorno.

¿Cuándo acudir al psicólogo?

Es normal que ante un divorcio el niño cambie algunas pautas de su comportamiento. Puede suceder que experimente regresiones; es decir, que pierda algunas habilidades que ya había alcanzado por lo que puede volver a mojar la cama o coger al chupete. En ocasiones también podrás notar que se siente triste o enfadado. Son reacciones perfectamente normales, pero si notas que se extienden durante varias semanas o que se muestra agresivo o disminuye su rendimiento escolar, sería recomendable consultar a un psicólogo. Buscar ayuda de la mano de un profesional siempre es útil, sobre todo para enfrentar un proceso tan difícil como el divorcio. No tienes por qué emprender ese camino tú solo/a.

Referencia:

(2013, Abril) El 40% de las rupturas matrimoniales fueron conflictivas. En: ABC.

lunes, 3 de agosto de 2015

La culpa.¿Por qué me siento culpable?
Psicología de la culpa ¿Por qué me siento culpable? Jose Manuel Garrido
                                   
Resumen: El sentimiento de culpa es una emoción negativa que puede sernos muy útil, pero también profundamente incapacitante.

 

La mayoría de nosotros ha sido en algún momento de su vida condicionado para sentirse culpable.

Esta culpa proviene generalmente de la familia, los amigos, la sociedad y/o la religión que, consciente o inconscientemente, nos enseña a sentirnos culpables por pensar o actuar de una manera determinada.
De niños nos recuerdan constantemente nuestro mal comportamiento, y cuando hacemos algo mal, nuestros padres o maestros se apresuran a transmitirnos lo decepcionados que están con nosotros. El objetivo de esta culpa impuesta desde el exterior no es otro que cambiar tu comportamiento haciendo que te sientas mal por lo que hiciste.
Una vez que nos han hecho sentir lo suficientemente culpables, padres, maestros y educadores nos enseñan a escapar de la culpa para de ese modo recuperar su aprobación.
La culpa se convierte así en una herramienta extremadamente poderosa para manipular el comportamiento, estando fuertemente relacionada con la necesidad de aprobación externa.

¿Por qué aparece la culpa?

La razón principal por la que la culpabilidad se instala en nosotros se reduce a menudo a los condicionamientos simples que recibimos de pequeños.
Por lo general se nos enseña a buscar la aprobación de nuestros padres. Cuando hacemos algo “bueno” nuestros padres nos premian con alabanzas y recibimos su aceptación, cuando hacemos algo “malo” esta alabanza desaparece y se reemplaza por desaprobación.
Dado que prácticamente todos los niños desean fuertemente recibir amor y aceptación por parte de sus padres, la necesidad de aprobación de los padres es algo que los niños se esforzarán por conseguir de manera constante.
El resultado es que con el tiempo nos condicionamos fuertemente a buscar la aprobación de los demás por las cosas que decimos y hacemos. Esto nos lleva a la falsa convicción de que tenemos que hacer y decir lo que los demás esperan de nosotros a fin de recibir su aprobación.

La necesidad de aprobación externa

Cuando hacemos o decimos algo que otros consideran como inaceptable se activa en nosotros esa necesidad profundamente arraigada de aprobación externa que nos enseñaron desde niños.
Aunque la persona que desaprueba nuestras acciones no es ya nuestro padre o nuestro maestro, el simple hecho de recibir la desaprobación desencadena automáticamente un deseo de ganar de nuevo la aprobación perdida.
Como consecuencia, y con el fin de evitar la desaprobación, la mayoría de nosotros (a través de nuestro condicionamiento prematuro) se alineará con todo lo que es popular, común o deseable.
Normalmente intentaremos no decepcionar a aquellas personas que consideramos relevantes en nuestra vida. Por lo general, estos serán la familia, amigos cercanos, compañeros de trabajo, y en general los grupos que se denominan comúnmente como “grupos de referencia”.
Con el fin de ser aceptados por ellos, terminamos haciendo las cosas que sabemos que van a aceptar y aprobar. De este modo pretendemos reducir el riesgo de desaprobación social.

El sentimiento de desaprobación

La culpa puede por tanto definirse como esa incómoda sensación que se experimenta cuando se hace algo que sabemos dará lugar a la desaprobación de los que nos importan.
Es un subproducto de nuestras acciones en conflicto, ya sea con un código interno o con la moral impuesta externamente. El resultado de este conflicto se traduce en sentimientos de culpa.
Así es como la culpa puede llegar a ser un medio muy eficaz de influir en el comportamiento de alguien, ya que activa nuestra necesidad infantil de ser aprobado por los demás, sirviendo al mismo tiempo como el motivador que anima a que cambiemos nuestro comportamiento mediante la activación de otra tendencia muy humana: el deseo de evitar el dolor y como consecuencia experimentar placer.
La aceptación de los demás nos evita el dolor que nos causa la culpa.

La culpabilidad y la preocupación

Las cosas que haces y la forma en que vives tu vida, en términos generales puede dividirse en dos categorías: “lo bueno” y “lo malo”. Cuando haces cosas buenas recibes la aprobación de los demás y cuando haces cosas malas recibes la desaprobación.
Por lo tanto, la culpa tiende a aparecer como resultado de hacer “cosas malas” o no hacer “cosas buenas”.
Para agravar la influencia que la culpa ejerce sobre nosotros, esta se asocia a menudo con la preocupación que dedicamos a los demás o a nuestras propias acciones.
La mayoría de nosotros considera que no sentirse culpable por una supuesta “mala acción” significa que la acción misma o sus consecuencias no nos importan, lo que consecuentemente nos convierte en malas personas.
Por supuesto, la implicación subyacente detrás de esta lógica es que para llegar a ser una “buena persona” hay que demostrar cierta preocupación por los demás hasta el punto de alinearse con lo que ellos consideran bueno o malo, o lo que es lo mismo, hay que ajustarse a las necesidades y deseos de los que te rodean.
Sin embargo, la realidad es que no sentirse culpable por algo no significa necesariamente no preocuparse por ello, simplemente supone vivir la vida según tu propio código moral (lo que tu crees que es bueno y correcto) en lugar de por un código moral impuesto desde el exterior (lo que la sociedad, los amigos y la familia creen que es bueno y correcto).
Superar con éxito la culpa por lo tanto, comienza por defender tus creencias, deseos y necesidades, sin ser influenciado por lo que piensan, desean o necesitan los demás. De otro modo siempre serás vulnerable a la culpa impuesta externamente por las convenciones o las personas que te rodean.

Evidencias sobre la culpa

A lo largo de los años son muchos los estudios que han extraído conclusiones relevantes sobre la culpabilidad, su desarrollo como emoción básica en el ser humano y las consecuencias de ésta sobre la conducta:
  • La aparición del sentimiento de culpa se vincula al desarrollo de la conciencia moral del sujeto.
  • La mayor o menor intensidad de la respuesta emocional de culpa depende de las diferencias individuales y de las pautas educativas.
  • Las personas introvertidas y con rasgos obsesivos tienden a vivir la culpa con mayor intensidad.
  • Mientras que los estilos educativos centrados en el castigo físico provocan respuestas agresivas, los estilos orientados al castigo psicológico (“Ya no te quiero”, “No ves cuánto nos haces sufrir”) provocan sentimientos de culpa intensos.

¿Qué son los celos y por qué suceden?

En numerosas ocasiones nos encontramos parejas en nuestra consulta que acuden a resolver un problema de celos, o a uno de los dos miembros de la pareja que acude para intentar no perder su relación a causa de ellos. Los celos son una respuesta emocional ante la posibilidad, real o imaginada, de perder un refuerzo que estaba a nuestra disposición (cariño de la pareja) y pasa a ser disfrutado por otra persona. Generan ansiedad y en algunos casos ira y tristeza.
No es papel del psicólogo dilucidar si los celos son justificados o no para ayudar a nuestros pacientes, en caso de existir motivos según el punto de vista de la persona lo más indicado es ayudar a tomar una decisión con respecto a la pareja desde la calma, y no propiciada por esas emociones negativas que desencadenan los celos.
Seguramente nos suena a todos la relación existente entre los celos y la propia inseguridad o baja autoestima, pues cierto es que las personas más independientes emocionalmente, que son capaces de buscarse sus propios refuerzos y con mayor confianza en sí mismas tienen menos posibilidades de padecer celos ya que tienen recursos personales que les protegen de ellos. Por el contrario, aquellas personas que “necesitan” de los otros, y más en concreto de la pareja, para obtener sus fuentes de refuerzo y satisfacción terminan por depender de la pareja para cubrir sus necesidades, tales como afecto, apoyo, compañía, cuidados, vivienda, economía, etc.
Las personas inseguras y con baja autoestima normalmente se sienten incómodas en sus relaciones de pareja porque tienden a verse inferiores, al tener una mala imagen de sí mismos y en estos casos existe el temor a ser dejados por alguien mejor, sumando así a las emociones negativas propias de los celos, un miedo al rechazo o al abandono.
Otro de los peligros que contribuyen a que se desencadenen los celos es dedicar un tiempo “excesivo” a la pareja, es decir, no tener otros espacios bien definidos en los que se compartan cosas con otros, por ejemplo ocio con amigos, familia, trabajo, etc., aparte de la pareja. En estos casos cuando uno se habitúa a hacer todo con la pareja, suele no tolerar que ésta quiera dedicar tiempo a otras cosas u otras personas, tomando esto como un rechazo o la sospecha de que exista alguien más, que ya se ha cansado de estar con él o ella, etc.
Quien padece de celos entra en una espiral donde aparecen pensamientos erróneos con respecto a lo que está ocurriendo, normalmente obsesivos, y comportamientos encaminados a “comprobar” aquello que está pensando o sospechando. Cuanto más comprobamos más celos tenemos y más ganas de seguir comprobando.
celos, tratamiento de los celosEl celoso quiere averiguar si es cierto lo que cree, por eso comprueba (el teléfono móvil, preguntando a otras personas sobre la pareja, registrando objetos personales, etc.). Estas respuestas de comprobación son las que mantienen el problema, haciendo que la persona sea incapaz de tolerar la duda. Este aspecto es muy importante porque hemos de aprender a convivir con la duda, ¿quién puede garantizarnos que nuestra pareja nunca nos dejará, no conocerá a otra persona, no se acabarán los sentimientos…?  Nadie puede tener esto seguro, por ello es tan importante mantener la duda.

El tratamiento de los celos

El tratamiento psicológico de los celos podríamos dividirlo en dos partes que se complementan. Por un lado, habría que trabajar la autoestima y las carencias que la persona pueda presentar a fin de incrementar su independencia emocional y la capacidad de buscar fuentes de refuerzo individuales. Eliminar también los pensamientos erróneos que se dan en quien padece celos, del tipo: “hoy no me ha llamado a la hora de comer, eso es que ya no me quiere”, “te has arreglado mucho, seguro que hay otro/a”.
Y por otro lado, hemos de explicar bien a la persona que esas emociones negativas que generan los celos tienen un nivel máximo de intensidad a partir del cual vuelven a bajar a niveles normales, es decir, si se aguanta esa emoción acabará bajando o incluso desapareciendo. Y es fundamental que dejen de dar las respuestas de comprobación que mantienen el problema, de modo que se expogan a la duda aprendiendo así a convivir con ella de manera óptima y adecuada.
Artículo de Marta Bermejo Victoriano